Un estudio internacional revela nuevas pistas genéticas de la DMAE.

Un estudio internacional de cerca de 43.000 personas ha ampliado de manera significativa el número de factores genéticos que se sabe que juega un papel en la degeneración macular asociada a la edad (DMAE), la principal causa de pérdida de visión entre las personas mayores de 50 años. Sus hallazgos pueden ayudar a mejorar la comprensión sobre los procesos biológicos que conducen a la DMAE e identificar nuevas dianas terapéuticas para el potencial desarrollo de fármacos.

La DMAE es una enfermedad progresiva que causa la destrucción de los fotorreceptores de la retina, las células sensibles a la luz en la parte posterior del ojo. El daño más grave se produce en la mácula, una pequeña área de la retina que se necesita para la visión central nítida necesaria para la lectura, la conducción y otras tareas diarias.

Actualmente no hay tratamientos aprobados por la agencia norteamericana del medicamento (FDA, por sus siglas en inglés) para la forma más común de DMAE avanzada, llamada atrofia geográfica o DMAE “seca”. Mientras que las terapias para la otra forma avanzada, neovascular o “húmeda”, pueden detener con éxito el crecimiento de los anormales vasos sanguíneos con hemorragias en el ojo, las terapias no curan la enfermedad, ni tampoco funcionan para todos.

La DMAE es causada por una combinación de factores de riesgo genéticos, ambientales y de estilo de vida. Por ejemplo, el tabaquismo eleva el riesgo de esta patología ocular, mientras que comer verduras y pescados de hoja verde, como el salmón, el mero y el atún, puede reducir el riesgo. Hasta este punto, los investigadores habían identificado 21 regiones del genoma, llamado locus, que influyen en el riesgo de DMAE, pero la nueva investigación, publicada en la revista Nature Genetics, aumenta el número hasta 34 locus.

Los investigadores han descubierto ahora un total de 52 variantes genéticas que se asocian con la DMAE, que se encuentran entre 34 locus, 16 de los cuales no habían sido asociados previamente con la degeneración macular asociada con la edad.

“Estas variantes proporcionan una base para los estudios genéticos de la DMAE de cara al futuro”, afirma uno de los autores principales, Jonathan L. Haines, de la Case Western Reserve University, en Cleveland, Estados Unidos. Los resultados del estudio refuerzan las asociaciones entre la DMAE y dos genes, CFH y TIMP3, que habían sido previamente vinculados a esta patología y sus autores también identificaron una variante específica de la forma neovascular de la DMAE, lo que puede apuntar a razones de por qué la terapia para esta forma de la patología es eficaz para algunas personas, pero no para todas.

Además, 10 de las variantes apuntan a genes implicados en el mantenimiento de la matriz extracelular, el material no viviente entre células que proporciona soporte estructural y nutrientes. Los investigadores han teorizado que las alteraciones de la matriz extracelular se producen en las personas con un subtipo de DMAE que se desarrolla sin signos en fase inicial, o que empeora rápidamente antes de que se detecten estos signos.

Si se confirma, una conexión entre la DMAE y estos genes de la matriz extracelular puede permitir pruebas genéticas predictivas y terapias más eficaces para las personas con este tipo de degeneración macular.

 

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