La radiación ultravioleta en los ojos, unida al deterioro de la capa de ozono, está provocando un aumento de las cataratas -el factor desencadenante de cerca de 20 millones anuales de casos de ceguera en el mundo- y otras anomalías como inflamaciones agudas de la conjuntiva (conjuntivitis) y la córnea (queratitis).

Además, esté tipo de radiación puede alcanzar la retina provocando que patologías como la degeneración macular asociada a la edad (DMAE) y las cataratas aparezcan precozmente o avancen más deprisa.

Por eso, es fundamental el uso de las gafas de sol para estar protegidos frente a los rayos UVA, responsables del envejecimiento celular, y de los rayos UVB, vinculados a las quemaduras y al cáncer de piel.

El principal problema es, tal y como indica el Consejo General de Ópticos Optometristas, que en España una de cada tres gafas de sol vendidas no supera los controles sanitarios necesarios. Por ese motivo, antes de adquirir unas gafas de sol, el Instituto Tecnológico de Óptica, Color e Imagen (AIDO) aconseja comprobar que llevan una etiqueta en la que aparece la marca CE, que indica que el fabricante o distribuidor se responsabiliza de que las gafas cumplen con los requisitos que impone la ley y han superado las pruebas de seguridad.

La normativa comunitaria de 1997 (la EN 1836:1997) contempla una serie de estándares que han de cumplir las gafas antes de salir al mercado. Por ejemplo, tienen que pasar por pruebas de laboratorio, desde estudios mecánicos (como valorar las posibilidades de que se deforme la montura) a mediciones con un espectrofotómetro (que analiza la capacidad de filtrar la luz visible y los rayos ultravioleta).

En ese sentido, Natividad Alcón, responsable de Óptica Oftálmica de AIDO, aconseja que “al comprar unas gafas de sol, es importante fijarse en si están correctamente homologadas, si es así, encontraremos un prospecto con el nombre del fabricante, el número y año de la norma que cumplen y la categoría del filtro”.

“En AIDO, además de ensayar en los laboratorios todo tipo de gafas -continua Natividad Alcón- también colaboramos con las empresas en proyectos destinados a optimizar la trasmisión de los filtros y hacerlos más selectivos en el bloqueo de ciertas radiaciones”.

La gafa de sol perfecta

Dependiendo del tipo de filtro que posea la gafa de sol, la lente deja pasar una cantidad mayor o menor de luz visible y ultravioleta. El filtro 0 sirve para días nublados o pocos soleados. El filtro 1 es de uso urbano, para días con luz y sol no muy elevado.

Para actividades cotidianas en días soleados o muy soleados, deberíamos utilizar filtros de categoría 2 o 3, indicados para ir a la playa y montaña, o para realizar deportes como el golf o el tenis. Sin embargo, el filtro 4 es muy oscuro, por lo que no son aptas para conducir, aunque sí son las idóneas para utilizar en alta montaña o con nieve.

También hay que tener en cuenta el color del iris, pues las personas con ojos claros suelen sufrir más las consecuencias de la exposión al sol y deben extremar la protección. En general, los ojos marrones o negros filtran mejor los rayos que los azules o verdes.

Por otra parte, el color de la lente no influye en el nivel de protección de los rayos UV, es más, existen lentes excesivamente oscuras que provocan una mayor dilatación pupilar y que no filtran correctamente las radiaciones ultravioletas, incrementando así el daño en la vista.

Una correcta protección desde la infancia

En el caso de los niños, la necesidad de utilizar gafas de sol homologadas es aún mayor ya que el ojo del niño resulta más vulnerable que el del adulto porque antes del primer año de vida, el cristalino, que ejerce de filtro, deja pasar a la retina el 90% de la radiación UVA y el 50% de la UVB.

La consecuencia es que, según los expertos, casi el cincuenta por ciento de la radiación ultravioleta a la que nos vemos expuestos a lo largo de la vida se produce antes de cumplir los 18 años.

 

Web Relacionada