El envejecimiento de las células inmunes asociado con la DMAE.

Las células envejecidas promueven la inflamación y el crecimiento anormal de los vasos sanguíneos que pueden causar ceguera.

A medida que las personas envejecen, su sistema inmunológico envejece también. Y una nueva investigación en la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington en St. Louis sugiere que las células inmunitarias envejecidas aumentan el riesgo de degeneración macular relacionada con la edad, una de las principales causas de ceguera en los Estados Unidos.

Estudiando ratones y células de pacientes, los investigadores descubrieron que a medida que las células inmunes llamadas macrófagos envejecen  es más probable que contribuyan a la inflamación y al crecimiento anormal de vasos sanguíneos en la retina. Esto puede dañar la visión en pacientes con degeneración macular asociada con la edad.

 

Sus resultados han sido publicados el 5 de abril en la revista JCI Insight.

“Los tratamientos farmacológicos para la degeneración macular no son efectivos para algunos pacientes, que tienen una respuesta mínima o ninguna respuesta, y muchos pacientes continúan experimentando pérdida de visión a largo plazo, incluso si tienen una buena respuesta inicial al tratamiento”, dijo el investigador principal Rajendra S. Apte, MD, PhD, Ilustre Profesor Paul A. Cibis de Oftalmología y Ciencias Visuales. “Pero al comprender lo que sucede con las células inmunes en el ojo, es posible desarrollar terapias para ayudar a los pacientes a los que no se les puede ayudar con los medicamentos existentes”.

En experimentos con ratones, el equipo de Apte descubrió que los macrófagos envejecidos transportan grandes cantidades de fragmentos cortos de material genético, llamados microARN, que regulan cómo las células expresan los genes. Los investigadores encontraron niveles significativamente más altos de microARN-150 en macrófagos en los ojos de ratones más viejos.

Los microARN ayudan a regular muchos elementos en las células uniéndose a varios genes para influir en cómo esos genes producen proteínas. En este estudio, los investigadores descubrieron que el microARN-150 parecía estar guiando a los macrófagos más viejos propiciando la inflamación y la formación anormal de vasos sanguíneos en un modelo de degeneración macular en ratones.

Los investigadores también analizaron muestras de sangre de sujetos humanos con y sin degeneración macular. Las muestras de las personas con degeneración macular también tenían niveles significativamente más altos de microARN-150 en sus macrófagos.

“Creemos que el microARN-150 puede ser un posible objetivo terapéutico, o al menos un biomarcador, para esta enfermedad agresiva y el riesgo de pérdida de la visión que conlleva”, dijo el autor principal, Jonathan B. Lin, un estudiante de doctorado de la Facultad de Medicina.

En los Estados Unidos, casi 11 millones de personas tienen algún tipo de degeneración macular relacionada con la edad, y se espera que la cifra supere los 22 millones en 2050. Afecta a las mujeres más que a los hombres, y la mayoría de los pacientes son caucásicos. Un primer síntoma es la visión borrosa en la que las líneas rectas aparecen distorsionadas. Eso puede evolucionar a la oscuridad, a la falta de visión o a las áreas borrosas en el centro del campo visual. La enfermedad, por sí misma, no conduce a la ceguera total porque la visión periférica no se ve afectada. Aunque algunas terapias retrasan la pérdida de la visión central, ningún tratamiento actual la restaura por completo.

“Las terapias para la degeneración macular parecen tratar los síntomas de la enfermedad en lugar de tratar su causa”, dijo Lin. “Nos centramos en el papel de los macrófagos en la regulación de la inflamación y en el crecimiento de los vasos sanguíneos anormales para ver si algún día es posible ayudar a las personas que no obtienen beneficio de los tratamientos existentes y diseñar terapias que pueden prevenir la progresión a formas avanzadas. de la enfermedad “.

Lin y Apte dijeron que si de alguna manera pudieran reducir los niveles de microRNA en macrófagos, o alterar una o más rutas moleculares reguladas por este microARN, podrían reducir los niveles de inflamación y obstaculizar el crecimiento anormal de vasos sanguíneos en el ojo. También creen que estrategias similares pueden ayudar a los pacientes con otras enfermedades relacionadas con el envejecimiento.

“Es posible imaginar terapias basadas en el sistema inmune que puedan modificar el nivel de microRNAs para que estas células macrófagas ya no contribuyan a la enfermedad”, dijo Apte. “Falta mucho para esas terapias, y tenemos que investigar mucho más, pero si pudiéramos hacer que estas células envejecidas se parezcan más a las más jóvenes, podremos evitar una gran pérdida de visión”.

Imagen: DANYEL CAVAZOS/MICHAEL WORFUL.

Traducción: Asociación Mácula Retina.

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